Debido a la pandemia, la falla no se pudo quemar en su año original. La narrativa de la historia continuó con un giro inesperado: en la madrugada de la "cremà" el furgón desapareció. Para poder cumplir con el rito, la falla infantil y maderas provenientes de la carpa del casal fallero se unieron para crear un nuevo monumento que fue quemado en su lugar, reiniciando así el ciclo de las fallas.
La historia de la falla continuó con una segunda temporada: el furgón robado fue finalmente encontrado. El nuevo reto era cómo conseguir de forma legal los 52 millones de euros que se habían perdido. La solución llegó cuando la falla ganó el Euromillones con el mismo dinero que se había esfumado. Con el furgón recuperado y el dinero en su poder, el misterio había llegado a su fin y la falla podía plantarse de nuevo.
Para las Fallas de 2021, el furgón reapareció con nuevas medidas de seguridad para protegerlo de un segundo robo, como cámaras de vigilancia, francotiradores, chalecos de Prousegur para los falleros y balizas anti alunizaje. Por otro lado, la falla infantil mostraba a dos niños felices con un camión de juguete hecho de una botella de lejía usada, transmitiendo el mensaje de que la verdadera felicidad no requiere grandes riquezas.
Finalmente, la falla de dos años pudo ser quemada. Este creativo "storytelling" tuvo una gran repercusión en las redes sociales y en la prensa, demostrando que las fallas son un lenguaje con un enorme potencial para la creatividad y la innovación. El hecho de no quemarla el primer año también resaltó su potencial ecológico, al no tener que construir dos fallas y reducir la contaminación. El proyecto fue reconocido con el premio de ingenio y gracia de las Fallas grandes de 2021, en los premios de la Asociación de Diseñadores de la Comunidad Valenciana (ADCV) por su impacto positivo, y también con el Premio Aporta de los Laus de la ADG-FAD.